GUIÓN Y PLATOS

Esta cena pretende hacer un recorrido de la historia personal de JULIANA, a través de sus canciones. Le recomendamos escuchar cada canción antes, en su plataforma de streaming preferida.

LA PISTA: Cóctel de mora con ron

PLATO: LOS PRIMEROS PASOS EN LA PISTA

Como dicen por ahí, mora para la niña por eso nuestra bienvenida para esa pequeña JULIANA, fue un coctel dulce de mora con crema de canela.

La pista fue su primera casa y el público, su primer espejo. Desde antes de saber su nombre, el cielo ya la miraba, como si el reflejo de las luces la estuviera buscando y cada canción que escribiría la estuviera esperando. Un día simplemente se descubrió moviéndose, como pasos destinados a ser dados. Hay quienes nacen para mirar y hay quienes nacen para ser mirados. Ella pertenece a ese segundo tipo, pero no por vanidad o por un ansia de fama, sino porque su cuerpo, su voz, su presencia habían nacido para dejar huella. Aurora fue elegida por el mundo, pero ella también lo eligió de vuelta. Irónicamente no sería una chica común. Decidió responder al llamado del arte, en una manera extraña y sagrada como si quisiera ligerar el paso por este mundo a todos aquellos que tuvieran el placer de verla bailar.

Bienvenidos a la pista.

Aurora vivió sus primeros años en la isla, donde tuvo como maestro al mar, un sabio consejero que sin lugar a duda sabía más que ella. Desde pequeña escuchaba su vaivén que arrullaba sus más preciados e inocentes sueños. Cada mañana Aurora abría la ventana y lo saludaba; contaba sus siete colores, los que el mar le regalaba en retribución a esa sonrisa de ilusión que ella le regalaba a él. Esos colores eran la forma que tenía el mar de volverla a ver cada amanecer. A veces, él solo la observaba en silencio, como si ya supiera que aquella niña lo enamoraría para siempre y que ella se enamoraría de vuelta, como si un hilo transparente los uniera. El mar le enseño las brazas necesarias para nadar la vida y que la corriente siempre estuviera a su favor. Él no estaba solo en su formación, tenía al lado a dos maestros que el cielo le había puesto en su camino, para que nunca diera un paso sola en la pista. Por un lado estaba Fernando, que fue el encargado de enamorarla de salsas viejitas que le revolvían el estómago y la hacían sentir viva. Y por el otro estaba Carlota encargada de sostenerla de la mano en todo momento. Ella fue la responsable de cumplir los deseos del cielo y de que esa pequeña niña diera cada uno de sus pasos en la pista. Y sin saberlo, entre la brisa, los discos y de la mano, Aurora se fue enamorando del mar.

MAR ADENTRO: Rondón (sopa de pescado típica de la isla de San Andrés)

PLATO: LA ISLA

JULIANA vivió sus primeros años en la isla por eso la transportamos a través del sabor con un rodón, sopa típica de la isla de San Andrés. Este plato se hace a base leche de coco, pescado fresco, caracol, rabo de cerdo, yuca, plátano y ñame. 

El tiempo pasó y la niña se fue perdiendo en los abrazos del mar. Aurora empezó a sentir cómo sus manos podían encajar perfectamente con él y su alma se expandía en la inmensidad de su cuerpo y sus labios. Presintió que la infancia se estaba quedando atrás y que la vida traía caminos más inciertos e intensos. El miedo empezó a brotar en sus entrañas, cosa que en la infancia nunca había sentido. El mar seguía ahí acompañandola y como acto de amor absoluto le mostró cómo debía navegar lejos de todos esos miedos. En las noches, escuchaba su rumor, entre sus brazos y arrullos Aurora soñaba con el sonido de las bachatas de Juan Luis Guerra. A veces también soñaba con ganar un oscar y cuando se le iba la cabeza en ganarse un grammy, pero esos ya eran sueños inalcanzables. Bajo la luz de la luna, en su ventana se asomaba el pajarito Alelí que se posó poderosamente en una palmera. Mientras el pajarito le cantaba, se revoloteaban pensamientos que empezó a dejar pasmados a puño y letra. Aurora creció creyendo en el mar, la música y en los corazones de papel.Extrañamente el que tenía miedo ahora era el mar, porque sentía que esa pequeña niña se le iba de los brazos. Le había enseñado tan bien a nadar sola, que ya no lo necesitaba.

PRESIENTO: Berenjena ahumada con crema d parmesano y trigo crujiente

PLATO: EL PRIMER BESO

El amor con al mar fue tan fuerte que queríamos que JULIANA y su equipo se dieran su primer beso de nuevo. Tenemos una berenjena ahumada con un crema de parmesano porque no existe nada más sexy que estos dos elementos juntos.

CÓSEME (2:22AM): Steake tartar con crujiente de polenta

PLATO: HERIDA EN CARNE VIVA

Las mareas de ese público hieren y dejan en Juliana una herida en carne viva. Por eso nuestro plato es un espejo, porque a veces nada duele más que mirarnos a nosotros mismos. Este steak tartar clásico representa esa herida abierta, acompañado de una polenta crujiente de queso Idiazábal ahumado, que evoca ese dolor que también resuena y cruje por dentro.

Aurora empezó a sentirse sola, porque el mar ya no la abrazaba como antes. En sus inicios la recibía suave y colorido, ahora era gris y movedizo.Las olas que antes la mecían, ahora la golpeaban. Aurora se vio atrapada entre la mirada evaluadora del mar, que no soportaba la idea de que ella estuviera creciendo y no fuera exactamente lo que las aguas saladas querían que ella fuera. Con el movimiento brusco del agua, el cuerpo le dolía y no podía respirar, su reflejo se tornó en su enemigo, su cuerpo se volvió campo de batalla y el arte en su refugio. Luchó contra el dolor invisible de quien se exige demasiado, de quien sólo desea paz y encuentra guerra en el mundo. Aurora quería flotar y su amado mar no lo permitía.

JOAQUÍN: Tartar de pargo con crema de lima kefir y mango

PLATO: NAUFRAGIO

Como Joaquín, Aurora sintió que el mar se la estaba llevando. Sentía que la arrastraba hasta lo más profundo. Intentaba seguir bailando entre las olas, pero las olas cada vez se hacían más fuertes, ya no podía moverse. El mar se había enamorado perdidamente de Aurora y ella de él. El problema es que el mar cada vez que la miraba recordaba a esa niña que se levantaba todas las mañanas y no podía ver a la mujer que tenía al frente. Quería llevársela hasta el fondo para solamente tenerla él. Aurora intentaba que no se la llevara la corriente, intentaba flotar, pero sin darse cuenta, cada vez se hundía más. Fue solo cuando ya no podía nadar que lanzó esa última señal de humo al cielo, esta señal llegó en forma de canto por el pajarito Alelí que alertó a sus maestros del naufragio de Aurora. Inmediatamente se encargaron de recordarle quién era y desmentir los deseos egoístas de ese inmenso mar. Le enseñaron que la libertad no está en alejarse de él, sino en saber flotar en sus aguas sin jamás olvidar lo que a ella le mueven los pies. Carlota la llevó a donde el pajarito Alelí que anidaba cuidadosamente el secreto que le cambiaría la vida a Aurora. El pajarito le enseñó que cuando tenía algo difícil de decir lo cantara. Ese sería el consejo que la salvaría del naufragio.

El mar hizo que JULIANA naufragara en sus aguas y en esas profundidades ella se encontró una párgo, que luego terminó pescando Joaquín nuestro pescadero. Nosotros hacemos un ceviche con él , con mucho sabor a mar al cual le ponemos una crema de mango y lima kefir.

FLORES DE PRIMAVERA: Lubina frita con alioli de ceniza, aceite de colla larga y flores

PLATO: RENACER

Aurora emergió y se convirtió en una flor nacida en la marea. Al final la flor que florece en la adversidad es la más rara y la más hermosa y eso era ella. Sus maestros observaron silentes el florecer de esa semilla que sembraron y Alelí revoloteó a su alrededor, recordándole que la música también crece en los lugares donde hubo dolor. Aurora abrazó su rareza. Entendió que las cicatrices no eran cadenas, sino raíces. El mar, que antes rugía, empezó a calmarse. Ahora la observaba desde la orilla, admirando cómo aquella niña que casi se le escapaba de las manos; florecía ante sus ojos y no hacía falta que se la llevara hasta fondo para que estuviera a su lado. Fue ahí, cuando el mar le volvió a regalar a Aurora sus 7 colores.

JULIANA con la ayuda de sus maestros, renace. Para ello fue esencial conectar con su pasado; por eso este plato es una reinterpretación de la mojarra frita, típica de las costas colombianas. Le ponemos un alioli de ceniza porque, como toda ave fénix, Juliana se levantó de ellas.Obviamente lo acompañan flores de primavera.

LA COLOMBIANA: Mamoma con salsa de tucupí y puré de papa

PLATO: BANDERA EN ALTO

El mar y Aurora se encontraron de nuevo, y esta vez no hubo olas que separaran, sino melodías que unieron. Su reconciliación llevó a Aurora a cantar sobre los 7 colores que él tenía. Él todos los días se levantaba muy temprano para pintarse con los colores más bellos. Sentía que por fin, alguien lo amaba y representaba como él se merecía. La pequeña niña ahora no era solo una flor que flotaba en sus aguas, era la orquídea más hermosa de su nación. Ella llegó para transformar la historia, había nacido con un propósito, compartir lo que era y entregarlo a los demás a través de una música generosa. Alelí seguía ahí, cantando a su lado, recordándole que el arte no era un acto de vanidad, sino de entrega por los otros. Aurora cantó por su tierra, cantó por Fernando, que le enseñó que incluso después del dolor hay música, y por su Carlota, que le enseñó que no existe electricidad más fuerte que el amor de una madre a su hija. El mar, ya no quería poseerla, solo acompañarla y aplaudirle. Aurora se convirtió en un eco colectivo, en una flor que viajaba, como el polen, para florecer en otras almas y permitirles sacar sus mejores pasos en la pista.

JULIANA renace y, a través de su música, le canta a toda una nación, dejando la bandera en alto. Por eso hacemos un plato típico de la zona del Llano colombiano, una ternera a la llanera, hecha a fuego directo. Lo acompañamos con una demiglace y un puré de papa.

SAN FERNANDO: Merengue de maíz con crema tostada

PLATO: EL SOL

Aurora pensó, por mucho tiempo, que se le había ido el tren y que el mar terminaría por tragarla. Sin embargo, a través del amor y del canto del pájarito, comprendió que solo aquel que lo intenta deja huella, y que ella, sin duda, estaba destinada a hacerlo, porque el cielo la había elegido. Entendió entonces que el baile no depende del destino, sino del alma; y en la pista, con cada paso, fue dibujando la marca que quedaría en la memoria de una nación y de su gente. El mar que un día se enamoró de ella y ella de él volvió a acompañarla, sereno y cómplice. Porque quien amó de verdad nunca se aleja, solo aprende a mirar desde la orilla y acompaña el florecer de quien un día fue semilla en sus aguas. Así, los amaneceres que antes veía junto al mar siguieron brillando con sus pasos, con esa luz que solo nace cuando el alma, al fin, aprende a bailar en la pista.

El maíz es símbolo del sol, como el girasol que lo busca al crecer. Pero para crecer necesita la milpa, la calabaza y el frijol a su alrededor. Igual que Juliana, que para llegar a la luz tuvo que rodearse de maestros que la guiaron. Por eso este plato es una oda al maíz: un merengue de maíz con una crema tostada del mismo

MONTAÑA RUSA: Palmeritas con crema de piña ahumada y trufa de Supercoco

PLATO: PALMERAS Y COCOS

Como todo ciclo eterno volvemos a donde inició todo, palmeras y coco. Por eso ponemos una palmera, le damos un twist con una crema de piña ahumada y hacemos una trufa con un dulce tradicional colombiano que comen todos los niños el Supercoco .

La historia de Aurora apenas comienza, hoy se encuentra acompañada de Alelí que ya nunca más se alejó de su lado. De sus maestros que día a día le seguían recordando que la vida es más hermosa si la bailamos con gente que nos ama. Y con el mar, el gran antagonista convertido en amante, que sigue ahí, apoyándola y dándole su espacio para que flote sus aguas, mientras le aplaude todas sus victorias. Al final Aurora puede ser cualquiera de nosotras. Aurora eres tú, Aurora soy yo, Aura es cada niña que te vio crecer a través de una pantalla y que has inspirado o incluso salvado. Porque Aurora es una niña que tenía muchos sueños, que se enamoró, se perdió y se volvió a encontrar a través del amor, la música y su público. Y así, la pista y el mar vuelven a encontrarse, ambos infinitos, ambos cambiantes, ambos testigos de tu baile. Aurora nos enseña que mientras tengamos amor y música, siempre habrá una pista donde bailar, un mar donde sanar, y una vida que, aunque rara, siempre vale la pena vivir.

GUÍON Y PLATOS: JULIANA FORERO